SOR ROSA MENDOZA NOS HABLA DEL P. NICOLÁS MÁS GUAL

NICOLÁS MÁS GUAL‏
NICOLÁS MÁS GUAL‏

UNA PIEDRA VIVA EN LA IGLESIA

”Le pido a la Compañía, en primer lugar, que dé gracias a Dios por las que les concedió a estos buenos difuntos”. (SV Rep. de la oración, 23/09/ 1657)

Así hablaba San Vicente en una repetición de oración, comentando la muerte de varios misioneros en Génova, entre ellos, el P. Blatirón “Ese hombre –decía- tan grande y tan santo del que tantas veces habéis oído hablar; era un hombre apostólico por el que Dios ha hecho muchas y muy grandes cosas” Para el Santo, cada miembro de la Congregación de la Misión era un heraldo de Dios y su muerte en la brecha, había de ser agradecida como si de un don se tratara. Esos “buenos difuntos” a los que alude San Vicente se van repitiendo en la historia; muchos misioneros han sido, en frase de san Agustín, “Piedras vivas, formadas por la fe, robustecidas con la esperanza y unidas por la caridad ”

Hoy damos gracias a Dios por la vida del P. Nicolás Más Gual. Una vida de fidelidad a la vocación recibida en plena juventud, dando un sí a la Congregación de la Misión, en un momento en que otros muchos misioneros estaban siendo martirizados en defensa de la fe… era en junio de 1937. La relativa tranquilidad de su Mallorca estimada, hizo posible su admisión a seguir el Carisma de Vicente de Paúl iniciando sus estudios en Palma. Su vocación incipiente crecía muy arropada por santos y sabios misioneros que formaban a los jóvenes vocacionados en la vetusta Casona de la Misión. Nicolás compartía la alegría de su vocación con su ejemplar familia; de esta saldría su hermana Sor Antonia para ser Hija de la Caridad y su tío el P. Bartolomé Gual para Misionero Paúl.
En 1945 comenzaba su andadura como Sacerdote con la certeza de ser “enviado a evangelizar a los pobres”. Hombre trabajador y estudioso, conocía y escribía sobre la labor misionera de la Provincia en Honduras. Recién ordenado tuvo la alegría de ser destinado a esa nación para colaborar con sus compañeros más veteranos. Honduras le ensanchó el corazón y la experiencia pastoral llevada a cabo allí le sería útil para posteriores proyectos a favor de ese rincón querido de América.
Su sencillez innata, casaba muy bien con el mundo hispano al que apreciaba y servía con abnegada entrega. Su segundo destino como Misionero, en Estados Unidos, puso de nuevo en su camino a un numeroso grupo emigrado de Hispanoamérica que, lejos de su tierra, vivían marginados y privados de los derechos más elementales. Es en esta circunstancia donde el P. Más pone en juego su creatividad, haciendo posible la dignificación de la pobre gente del Condado de Brooklyn. Aquí construyó la primera capilla católica dejando de ser clandestinas las celebraciones de los cristianos. Su parroquia era la casa de todos, llegando a formar una gran familia, donde la bondad de P. Mas era el estandarte misionero más valioso. Su trato y amistad con Eduardo Bonnin, fundador de los Cursillos de Cristiandad le sirvió como “gancho pastoral” para animar la fe de los cristianos, estableciendo los Cursillos no sólo en su parroquia si no en toda la Diócesis de Brooklyn y en la de Filadelfia. Importante labor de este hijo de San Vicente, que con sencillez evangélica iba haciendo Iglesia entre aquellas gentes.
Si, hemos de dar gracias a Dios por los dones que recibió de Dios el P. Mas, y que no tuvo pereza a la hora de ofrecerlos a quienes encontraba en su camino. En la recién estrenada Provincia de Barcelona nos encontró a las Hijas de la Caridad. Nombrado Director Espiritual, entraba a formar parte de la gran Comunidad Provincial, donde nos acompañaría durante 12 años y medio. Pudimos entender y experimentar que teníamos a nuestro servicio un hombre de Dios; una persona sencilla, bondadosa, acogedora, mostrando en su franca sonrisa el gozo del encuentro con las Hermanas.
Su labor como Director no se limitó al específico acompañamiento espiritual. Fino observador de las variadas pobrezas de Honduras, no descansó hasta conseguir que las Hijas de la Caridad se implantaran allí. Quiso que Sor Elena Vidarte, Visitadora, viera la necesidad “in situ”, acompañándola él mismo. Tuvo un gozo inmenso cuando vio a las Hijas de la Caridad sirviendo a los pobres que él tanto amaba.
Su afán por conocer las obras de la Provincia, su origen y evolución le llevó a emprender un trabajo importante de investigación. Año tras año, iba poniendo en nuestras manos la historia de cada casa; tarea que requería consultas acá y allá, visitas a los archivos oportunos e intuir lo que no podía aseverar con papeles y que en su lógica iba deduciendo. En ese trabajo de búsqueda reflejaba un gran amor a las Hermanas, a sus servicios y a la historia de cada una en relación con la obra. No dudó en investigar las virtudes en las que destacaron algunas Hijas de la Caridad, sacando a la luz las vidas de las que él llamaba “Hermanas ejemplares”. La recopilación de sus apuntes en dos tomos, ha servido de punto de partida para posteriores investigaciones.
Buscando la manera de hacer felices a las Hermanas, instituyó la “Ruta Vicenciana” al objeto de visitar, en Francia, aquellos lugares significativos para la Compañía. ¡Cuantas Hermanas mayores experimentaron su ayuda en estos viajes! Esta iniciativa suya pasó a ser una actividad normal en todas las Provincias de España.
Como Director Provincial y posteriormente, se supo apreciado por las Hermanas; él lo sabía y gozaba siempre que tenía ocasión de prestarnos su apoyo espiritual en retiros o Ejercicios Espirituales. Para él “todas las Hermanas eran buenas”, todas “tenían el cielo en sus manos” ya que el servicio a los pobres era el pase a la Casa de Dios. Así lo expresaba en Reus, durante la Eucaristía de acción de gracias por los cincuenta años de vocación de un grupo de Hermanas:
«Hermanas, ¡que suerte haber servido a los pobres durante 50 años! Tenéis el cielo en vuestras manos, dudarlo sería un pecado. Dios os ama y os espera. Estad seguras, no tengáis miedo.» (P Mas, Reus, junio del 2000)
El 20 de junio del 2011 ha sido llamado para tomar posesión del sitio que le estaba reservado porque fue “un criado fiel a su Señor”. Con una sonrisa, la de siempre, recibía el Sacramento para el camino. “Tenía el cielo en sus manos” y mucha gente a punto para recibirlo en la Casa del Padre.
Gracias P. Mas por tu bondad; por tu piedad sencilla; por tu sonrisa abierta y acogedora; por tus trabajos en campo de Misión; por tu reiterada búsqueda de nuestro patrimonio espiritual y cultural; por tu palabra que lo fue de Dios Gracias por tu acertada actuación colaborando en el asentamiento de nuestra querida Provincia de Barcelona. Estos sentimientos, escritos, quieren ser nuestro humilde homenaje a tu respuesta fiel a la vocación Vicenciana Descansa en Paz.

“Que agradable a Dios es la sencillez. Ya sabéis que la Escritura dice que se deleita tratando con los más sencillos, con los sencillos de corazón” (SV (Conferencia del 21 de Marzo de 1659)

Por la Provincia Canónica de Barcelona.

Rosa Mendoza
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