UN DIAMANTE DE TREINTA CARAS (SOR ÁNGELES INFANTE Y SOR LUCRECIA DÍEZ) / COMENTARIOS AL LIBRO: JESÚS GONZÁLEZ CAPEL, EXALUMNO, DE BINISSALEM – MALLORCA

UN DIAMANTE DE TREINTA CARAS

 NOTA IMPORTANTE:

Si entras en la Página WEB de la basílica de la Milagrosa de Madrid (escribe en Google estas 10 palabras), encontrarás las minibiografías de los misioneros y Hermanos Coadjutores mártires que serán beatificados el día 11 de noviembre de este 2017.

Para entrar en esta Página sigue estos pasos (hay otros):

1.- Página WEB de la basílica de la Milagrosa de Madrid

2.- Entrada a la WEB – Basílica parroquia Virgen Milagrosa

3.- Beatificación mártires familia vicenciana 2017

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Hace tan sólo unas semanas recibí, del mejor profesor que tuve en la Escuela Apostólica de Palma, por su humanidad y acertada pedagogía, el P. Pedro José Gómez Martínez, el libro “Un diamante de treinta caras”, cuyas autoras son Sor Ángeles Infante y Sor Lucrecia Díez, Hijas de la Caridad.

También, hace unos días, Sor Rosa Mendoza me proporcionó la dirección de la Página WEB de la basílica de la Milagrosa de Madrid en donde se recogen las biografías de los mártires que serán beatificados este próximo noviembre.

Sean mis primeras palabras una sincera ENHORABUENA a las autoras y autores del libro y de las biografías. Cada uno, a su estilo, ha transmitido un trozo de historia que algunos vivieron, otros no conocimos y la mayoría ha tratado de olvidar.

Estos mártires cayeron en las garras de unos desalmados que los fusilaron simplemente por haber llevado un hábito y echarles en cara su actitud caritativa y abnegada ante y en pro de los más necesitados de la sociedad.

Estas muertes innecesarias nos han de servir de advertencia: “no hay tiempos pasados que no puedan volver…”

Le prometí al P. Gómez que haría un comentario sobre dicho libro y así lo hago. Aunque también hago extenso dicho comentario a los autores de la minibiografías de los sacerdotes y Hermanos Coadjutores mártires. También las he leído con mucha atención.

Refiriéndome al libro “Un diamante de treinta caras”, lo he leído con mucho interés, aunque con rabia e indignación contenidas. Soy antiviolencia y, muy especialmente, contra el asesinato por ideas, sean políticas o religiosas.

No os hablaré de la vida de las Hijas de la Caridad mártires, sino que simplemente plasmaré mis impresiones sacadas del libro. Yo soy más visceral que las autoras del libro y seguro que, de escribirlo yo, manifestaría algún arrebato de furia e indignación no tan contenidas.

Dicho libro recoge y explica con meridiana claridad y lenguaje llano, la vida y martirio (son mártires porque murieron por defender su fe) de estas treinta religiosas, todas entregadas al servicio de los demás: hospitales, asilos, colegios, orfanatos, clínicas mentales…

Cada Hija de la Caridad vivió su presente y abrazó su futuro con fe y fortaleza. En el momento en que fueron denunciadas, arrestadas, acusadas y condenadas (sin un previo somero juicio, aunque tenían la firme y segura convicción de que serían fusiladas) fueron, serenamente, hacia la muerte.

Este libro, además de explicar la vida de cada Hija de la Caridad, pilares del servicio social en aquella época, libre y desinteresado, refleja el instinto más vil de una sociedad en un momento determinado que ahora, vistos y leídos esos hechos, nos parece imposible que hayan sucedido.

No obstante, lo que más me sorprende es la serenidad y ecuanimidad con que las autoras de este libro lo han escrito: no hay ni un ápice de rencor, ni odio, sino dolor comprensivo: están escribiendo sobre sus hermanas asesinadas y, no obstante, no reflejan los lógicos rencores que supone el hablar sobre un hermano al que han matado… Eso las dignifican mucho más.

Me ha impactado, además de las otras biografías, la de Sor Dorinda Sotelo Rodríguez, nacida en Orense; ingresó en el seminario (Madrid) el 10/05/1933 (a los 18 años) y fue asesinada en Barcelona, en Carretera de las Aguas, cerca de la montaña del Tibidabo, el 24/08/1936 (tenía tan sólo 21 años…). ¡¿Qué mal había hecho esta chica que apenas había abierto la ventana a la vida y recién celebrado su puesta de largo en la “sociedad de hacer el bien a los demás”!? ¡Qué horror!

De las treinta asesinadas, dos lo fueron en Barcelona: Sor Dorinda y Sor Toribia Marticorena (ambas fueron asesinadas el mismo día y en el mismo lugar: en Carretera de las Aguas, cerca de la montaña del Tibidabo, el 24/08/1936.

Y lo que más sorprende es que muchas fueron denunciadas por personas conocidas de ellas o que recibieron sus servicios desinteresados…

Me he centrado en la lectura, pausada, de este libro. Para nada he escudriñado en las entrañas de la Guerra Civil que vivieron nuestros padres, cada uno a su manera y según el lugar en que les tocó vivir.

Recuerdo, vivamente y como si hubieran sido pronunciadas hoy, las palabras que siempre nos decía mi padre (hace de ello más de treinta años) cuando nos hablaba sobre la Guerra Civil que vivió en primera persona: “fui a una guerra a la que nunca me apunté… y disparé, sin odio, a personas que no conocía; entre la guerra y el servicio militar estuve en el ejército durante 7 años; fue un milagro que no me mataran y pasé muchas penurias durante y después de la guerra; es una estupidez matar por ideas; nunca votéis a los políticos que quieren el enfrentamiento y acabar con el sistema..”.

No puedo evitar relacionar esos hechos y reflexiones con lo que nos toca vivir hoy: cuando unos políticos (en este caso una política) entran en la capilla de una facultad, llegan hasta el altar, se desnudan y gritan a los que están siguiendo la misa: “arderéis como en el treinta y seis” y quieren borrar todo lo que suene a Iglesia Católica o, como hace unos días, este 23 de junio, también entraron en la capilla de la Universidad Autónoma de Madrid tirando unos artefactos, pintando la paredes y destruyendo unos objetos religiosos… me recuerda a unos años ya vividos: 33, 34, 35 y así hasta el 1940. Es verdad que en 1936 se asesinó a mucha gente pero, años antes, se sembró el odio hacia lo religioso…; básicamente, lo católico.

Disculpad esta reflexión, pensamiento, vivencia y convicción, que, espontáneamente, manifiesto…

A mí, personalmente, no me gusta el odio que manifiestan algunos políticos, induciendo a los jóvenes a que también vomiten su odio…

Igualmente, alabo la serenidad de los autores de la minibiografía de los misioneros y Hermanos Coadjutores fusilados. Es lo que representa escribir una historia sin ira. Es el mensaje sublime de Cristo cuando estaba en la cruz: “Señor, perdónales porque no saben lo que hacen”.

Más información en Página WEB de la basílica de la Milagrosa de Madrid.

Todo un honor y privilegio haber formado parte de una Congregación donde tan ejemplarmente dieron testimonio, y su vida, estos Misioneros, Hermanos Coadjutores e Hijas de la Caridad…

 

 

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